El violador eres tú

Por: Julio Ariza

Te lo van a decir, Pablo. Con palestina o sin ella; con coleta o sin ella; con la pelusa esa de no haberte afeitado nunca -y que por eso no es barba- o sin ella. Con Vicepresidencia o sin ella, te lo van a decir.

La canción del verano azul del planeta verde de las muchachas rojas del partido morado va a convertirse en tu más negra pesadilla.

El violador eres tú. En Venezuela, en Bolivia, en Nicaragua, en Cuba, en Argentina, en Ecuador, allí donde hayas puesto tus sucias manos sobre Mozart; allí donde tu asesoría, tu consejo, tu aliento comunista haya colaborado en violar los derechos humanos, justificar la tortura, disculpar la persecución, la desaparición y la muerte; allí donde hayas apoyado a burdos dictadores, a tiranos grotescos como el criminal Hugo Chávez; allí donde hayas legitimado políticamente el terrorismo, como en las Herriko Tabernas, o te hayas lamentado de la caída del muro de Berlín, que es como lamentar que parara el reguero de crímenes que llegó a cien millones de muertos. Allí donde hayas legitimado el latrocinio, la corrupción y el saqueo de tus amigos latinoamericanos, que lo han robado todo en sus países, el petróleo y el oro y el gas y lo que sea, y han dejado a sus pueblos en la más absoluta indigencia. Allí donde apoyaste gobiernos financiados por el narcotráfico. Allí donde llevaste a la gente al corazón de las tinieblas. El violador eres tú.

Sí, Pablo, sí: lo dice la canción “El estado opresor es un macho violador”, y tú has apoyado, asesorado, aconsejado y loado a todos esos estados opresores, a esos gobiernos machistas violadores de todos los derechos, y además habéis vivido de ellos. Vuestras facturas están hechas del sufrimiento de las mujeres iraníes, de la represión de los homosexuales cubanos, del hambre de los venezolanos empobrecidos y luego asesinados en cualquier esquina, de las palizas a los bolivianos, del miedo de los perseguidos y de los defensores de los derechos humanos de Nicaragua. Vuestra financiación está hecha de sangre y de dolor, y vuestro verbo, relamido, cursi, pretencioso y banal, es el mismo verbo de todos los verdugos. Si cambiaras la barba por un bigote estrecho; si te cortaras la coleta y te peinaras la raya; si hablaras alemán. Pero no te hace falta. El violador eres tú.

Cada vez te que pongan la canción del verano acuérdate de todas esas víctimas. Y estremécete, Pablo, porque también son tus víctimas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *