Víbora, ese nombre te han puesto…


Por: Fernando Viaña

Para quienes vivimos el periodismo con pasión, pero siempre ajustándonos a los datos macizos de la realidad, la historia que les voy a contar tiene un ancla en la verdad, pero algunas partes de ella se mueven como las velas del navío cuando el viento sopla con fuerza sobre el mar. Sucede que, cuando un juez urgido de fama le dio la razón al fiscal que exigía encerrar a Keiko Fujimori tres años en una celda y tirar la llave, el mandatario sustituto llamó a sus allegados para preguntarles si eso era necesario, si era imprescindible tenerla tanto tiempo presa. Intrigado por la aparente debilidad del hombre que había perpetrado ya dos súper traiciones en el año, el asesor extranjero que maneja su carrera le dijo: “acuérdate lo que te dije en marzo cuando ideamos el plan, Allende postuló tres veces antes de hacerse con la banda bicolor en la cuarta y Lula también intentó llegar a la Presidencia tres veces antes de ceñirse la verde amarilla”. Pero solo son dos casos, dijo el moqueguano. “Hay más”, respondió el argentino antes de cambiar de tema.

Dos meses después de ese diálogo probable, posible y necesarísimo para entender el resto, Andrés Manuel López Obrador, candidato a la Presidencia de México, probablemente el cargo público más parecido al de un emperador en todo el planeta, alcanzó la cinta tricolor tras haberla buscado dos veces antes. “Viste que en nuestros países el que la sigue la consigue, presidente”, le dijo el sanjuanino a su jefe y amigo en la llamada telefónica que sostuvieron segundos después del flash electoral mexicano. Sacudido por la posibilidad de que Keiko Sofía Fujimori Higuchi pasara de primera dama sustituta de su madre a primera mandataria de nuestro país, tal como sucedió con Park Geun-hye, hija del general Park Chung-hee, quien gobernó Corea del Sur en forma autoritaria hasta ser asesinado, le dijo al argentino que se cree más que Messi, Bergoglio y Ernesto Guevara juntos (y revueltos): “vamos con todo, profesor”.

Ahí comenzó la etapa que transformó a Keiko Fujimori en la cabecilla de una organización criminal integrada por un contable arequipeño que no mata ni a una mosca, una señora de las siete décadas de rezo continuo, comunión dominical y hábito morado, unos empresarios metidos a políticos sin raza ni agallas y un par de docenas de ignorantes que ingresaron a Fuerza Popular para ser ministros en el gobierno que no fue y que probablemente nunca será. Pero para el moqueguano que hace tiempo que no sueña y solo tiene pesadillas, la eventualidad de un triunfo electoral nacional de Fujimori equivaldría a morir en una celda cerca, muy cerca, que la que hoy ocupa el progenitor de la supuesta cabecilla de la banda. Y eso nunca estuvo en sus planes. Y tampoco en los del sanjuanino.

Aprovechándose del terror pánico del ingeniero civil con modales de dictador militar, el asesor principal, las asesoras que parecen catchascanistas a punto de jubilarse, unos jueces, unos fiscales, unos dueños de medios de prensa, un par de gerentes de encuestadoras, unos periodistas y sus respectivos compañeras y compañeros, como toda Nomenklatura que se respete, viven la vida loca, tomando, comiendo, vistiendo, paseando y durmiendo como si fueran realmente los ganadores de todos los premios habidos y por haber. Y por sobre todos esos personajillos hay unos miembros de una secta no religiosa que recibe dinero del exterior para mantener la situación que describo líneas arriba por mucho, mucho, mucho tiempo.

Hace unos días, nomás, esta archicofradía de la sinvergüencería y del deshonor ha consumado una de las trapacerías más grandes de la historia electoral de las Américas, alterando el padrón electoral, escondiendo las encuestas que hace unos pocos meses sirvieron para encumbrar a Vizcarra, impedir la postulación de congresistas molestosos y cerrar el Congreso. Y entre el bururú producido por la entronización de unos ayatolas andinos y unos reservistas ansiosos de derramar la sangre de los homosexuales, el mismo fiscal delirante y otro juez ansioso de fama han mandado a la cárcel nuevamente a Keiko Sofía. Esta vez hasta después de la primera vuelta electoral de 2021.

Y, además, víbora, ese nombre le han puesto.

Como si fuera el súmmum de la maldad.

De la maldad no es, pero de la estupidez pega en el palo. Porque ni así puede hacer un gol.

He dicho.

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