Tilsa y los carreteros

Por: Fernando Viaña.

Nacida el Día de las Brujas de 1982, Tilsa Lozano es una de las mujeres más conocidas del Perú y balnearios, como solía decir Camotillo el tinterillo, es decir, el epítome, el compendio, el resumen, de nuestra clase política. Modelo, actriz de Playboy, recursera, amante, esposa y enamorada del catchascanista más feo que haya parido nuestra patria, Lozano acaba de sorprender a los habitantes del cíber espacio al inventar una cremita que a decir de ella misma reduce los rollos de la panza y los convierte en fresco y lozano trasero, tal como su apellido argentino lo proclama.

A diferencia de la Lozano, quien pretende volver redondas y tersas las nalgas de las incautas, en otros niveles de nuestra heterogénea sociedad hay un grupo selecto de empresarios que desde que la caja fiscal recuperó peso, tamaño y volumen a mediados de los noventa ha consumido hasta el último centavo de los presupuestos del único ministerio que nunca devuelve plata, a saber, el siempre requerido Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC). El viceministerio de Transportes, como todos los selectos empresarios del sector saben, es el que construye carreteras, por eso los socios del pequeño club que ha elaborado todas las pistas, las autopistas, los puentes y las veredas del país se llaman a sí mismos Los Carreteros, y no pretenden transformar grasa en traseros, sino, más bien, sacarle toda la carne jugosa al presupuesto del MTC, pagando cupos y coimas a los funcionarios que sean necesarios.

En noviembre de 2015, exactamente la noche en que Brasil le ganó al Perú en los inicios de las eliminatorias que los sabios de la Confederación Sudamericana llamaban entonces clasificatorias, un miembro disidente o resentido de ese colectivo al que hoy denominan Club de la Construcción me citó en un café miraflorino para darme un único dato: “desde comienzos del siglo, el MTC gasta entre el 95 y el 98 por ciento de sus presupuestos anuales. No devuelve nada al Tesoro”. Desde el día siguiente puse a trabajar a los investigadores de la revista que en ese entonces dirigía en la búsqueda de las pistas que comprobaran el dato. Nunca hubo resultados. Semanas después me enteré que el dueño del semanario había bloqueado las indagaciones.

Como nuestro país está repleto de recurseros como la señora Lozano y de zamarros como los carreteros, es conveniente reflexionar, como diría ese camotillo contemporáneo llamado José Domingo Pérez, si la chilla por las pendejadas de una y de los otros no son más que envidias de los que no están invitados al disfrute de toda esa plata mal habida. Por lo pronto, creo que tanto la Asociación Peruana de Consumidores y Usuarios (Aspec) como el periodismo más sano y menos vinculado a los fiscales que siempre están a la caza de portadas periodísticas tienen que hacer sus trabajos para evitar una epidemia de potos a la miseria, tanto por las cremas de la Lozano como por las raterías de Los Carreteros.

Lo cierto es que, para evitar estropicios en el derrière, lo mejor es caminar de espaldas contra la pared, tal como sugerían en Panamericana Televisión cuando Genaro estaba en celo.

Suerte.

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