El lenguaje de los modelos matemáticos para entender el cambio climático

Ante el avance de las consecuencias del calentamiento global. Este año, durante la conferencia número 25 del Convenio de Cambio Climático de la ONU, que se celebró en Madrid, se indicó que los indicadores, basados en modelos matemáticos, nos indican que debemos actuar para preservar la vida en nuestro planeta.

Los expertos explican que, principalmente se debe observar y calcular, es decir, observar la naturaleza, trasladar nuestras observaciones a lenguaje matemático y formular una hipótesis. Una vez que se haga esto de manera correcta se podrá obtener un modelo de la naturaleza.

Para entenderlo mejor, un ejemplo: si queremos estudiar el movimiento de un proyectil, podemos formular un modelo en el que la trayectoria descrita es una parábola.

El modelo nos sirve para una bala, un balón de baloncesto, una piedra o cualquier objeto que queramos lanzar. Por eso un modelo implica abstracción.

Por otra parte, un modelo exige simplificar el problema: a un nivel básico no se considera la resistencia del aire en el modelo, pero a efectos prácticos sabemos que no es lo mismo lanzar un proyectil más pesado que uno más ligero. Para el caso de un balón o una bala descartamos esas otras variables que son condicionantes, pero en algún caso podría ser necesario tenerlas en cuenta.

En el caso de los modelos climáticos (no se debe confundir tiempo con clima) la cuestión se complica bastante: por una parte, debemos decidir con qué escala de tiempo trabajamos. ¿Queremos saber cómo se va a comportar el clima en los próximos 20 años? ¿En el próximo siglo? ¿O en el próximo milenio? Lo que sí podemos hacer es observar y, en ese sentido, tenemos datos para preocuparnos: del mismo modo que, si al medirnos la presión arterial nos encontramos una lectura de 180/120 mm Hg., nos preocupamos y debemos ir al médico, cuando observamos un aumento sustancial de la temperatura del planeta también deberían encenderse las alarmas.

Los datos se estudian, se ajustan y se proponen ecuaciones que reflejen los datos, se comprueba que las mediciones anteriores van bien para el modelo que hemos realizado y con eso se supone que también van a predecir bien el comportamiento futuro. Esto se hace con ciertas cautelas: se piensa que la plantación de árboles ayuda a capturar CO2, pero ahora se está comprobando que los árboles tampoco están capturando tanto dióxido de carbono como se esperaba. El modelo hay que matizarlo, complementarlo y mejorarlo, pero los datos de los que disponemos hoy nos auguran un futuro incierto.

En un modelo climático se suele considerar la esfera terrestre rodeada de una malla en la que las celdas se constituyen por latitud y longitud, añadiendo además factores como la presión atmosférica y la altitud.

Afortunadamente hay equipos multidisciplinares trabajando en este tema, bajo directrices de la Organización de las Naciones Unidas. El Panel Intergubernamental sobre cambio climático IPCC es el órgano de Naciones Unidas para asesorar a los diferentes científicos que trabajan en el cambio climático.

En su portal web abunda información sobre grupos de trabajo, así como informes científicos y posibles acciones que se pueden realizar en la búsqueda por dejar un planeta más o menos digno a las nuevas generaciones.

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