El invierno tan temido

Por: Fernando Viaña.

Hace un montón de años, el uruguayo Juan Carlos Onetti escribió “El infierno tan temido”, una desgarradora historia de amor y de adulterio que acaba en perversión y en muerte; hoy, por necesidad estrictamente periodística, tomo el título del relato del maestro para tratar de describirles el dantesco escenario en el que vamos a actuar todos los peruanos cuando llegue el invierno cargado de frío y de humedad, de resfrío y de gripe. Antes de eso, quisiera decirles a todos mis compatriotas que los acompaño en su desprecio por los asesores del Ministerio de Salud, quienes “sugirieron” que no saquemos a pasear a los niños que viven en treinta de los cuarenta distritos de la capital por el alto riesgo de contagio.

Minutos después del aviso, la viceministra de Salud, una señora con muy malos modales les dijo a los conductores de una cadena radial que la decisión fue tomada recién minutos antes de divulgarla, porque el ministerio “monitorea” día a día el riesgo de los contagios. No dijo la burócrata que los distritos donde “sugirieron” que los niños sigan encerrados son los mismos donde están los mercados repletos de infectados y donde hay poquísimas agencias de los grandes bancos, es decir, los mismísimos epicentros de la infección detectados recién el viernes anterior al Día de la Madre.

Tanto ese como todos los otros dichos de los burócratas que rodean como moscas a la miel al presidente Martín Vizcarra son mentiras disfrazadas de falsos mensajes de esperanza, de “ayúdame a ayudarte” y de unas cuantas falsedades más. Como escribió un tuitero a los minutos de propalada la insolente sugerencia, todos y cada uno de los limeños sabemos que los vectores infecciosos llegados de Norteamérica y de Europa se afincaron en los distritos donde habitan las clases medias altas. Y esos pacientes cero, por así decirlo, fueron tratados rápidamente, aislados y medicados. Solo uno de esos infectados murió en su departamento de un edificio añoso y elegante de Miraflores. Ahí acabó el problema para esos barrios.

Acto seguido, por una técnica que hubieran envidiado los nazis que ocuparon Varsovia y recluyeron a todos los judíos en un rincón infecto de la ciudad cercano a la vías férreas, los asesores del Ministerio de Salud dejaron que en los barrios populares de Lima, donde habitan ocho de cada diez hombres, mujeres y niños, se concentrara el patógeno de origen chino durante más de seis semanas, infectando a todo el que se expusiera al estornudo o a la tos de un infectado. El vienes anterior al Día de la Madre, les dijeron a los ministros reunidos en sesión de gabinete que los mercados y las agencias bancarias de los distritos periféricos de la capital tenían altísimas cargas virales por lo que se recomendaba su desinfección y su cierre temporal. Por la misma razón, el presidente anunció la extensión de las horas de libertad de circulación y de atención en boticas, en bancos y en supermercados. Y un aperitivo o un postre para los que gustan del pollo a la brasa: se autorizaba la venta libre con reparto a domicilio, el deseado delivery.

Ahora bien, para los que se sienten mal por la segregación y para los que se sienten rebién por comer después de dos meses sus piernas y sus pechos jugosos y ahogados en todas sus cremas, tengo que darles una muy mala noticia: en las próximas semanas, cuando la temperatura descienda y comencemos a cerrar puertas y ventanas para “que no entre el aire”, los virus estacionarios de la gripe y del resfrío que habitan en todos los ambientes y se trasmiten más y mejor en espacios cerrados comenzarán a contagiar a ricos y a pobres, a ancianos y a jóvenes, a los que viven en Las Casuarinas y a los que sobreviven al otro lado del muro.

Y lo peor de lo peor: el Covid-19 puede meterse al aparato respiratorio de los agripados y de los resfriados porque los virus de la gripe y del resfrío son tan “democráticos” que permiten la convivencia con otros patógenos. Y ahí estriba el problema principal: los estornudos de los resfriados lanzan al virus causante de la enfermedad junto a todos sus primos y demás parientes virales a ocho metros de distancia. Y a más de doce cuando el ciudadano resfriado fuma cigarros, cigarrillos, pipas o tronchos. Es decir, la distancia social será mayor a los doce metros, poniendo fin a todas las actividades colectivas, incluyendo las larguísimas y poco eficaces sesiones de gabinete, que ojalá hayan sido grabadas para la historia.

Si no creen en lo dicho líneas arriba, busquen las declaraciones de los principales infectólogos del mundo, ellos les dirán porque los chinos que no se estrechan las manos jamás se infectaron en masa en el invierno anterior en el hemisferio norte.

Por último, ventilen sus casas todo lo que puedan, abríguense y esperen.

One thought on “El invierno tan temido

  • 18 mayo, 2020 at 15:27
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    Con pena y tristeza concuerdo plenamente con lo expresado…y si..es cierto estos dias frios y nublados que ya empizan haran mas lugubre y penosa nuestra permanencia…en espera de la llegada de una vacuna o cura de esta terrible maldicion recibida…¿servira en algo esta experiencia?..veremos.

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